Un soplido…

El gallo lo despertó con su alborotador canto. Se desperezó mientras trataba de desamarrarse de la mujer que tenía a su lado, poco quedaba de la dama que lo había enamorado hacía casi 45 años atrás.
Miró por la ventana, recién podía distinguirse los primeros rayos de Febo. Con paso lento y arrastrando lo poco que quedaba de sus alpargatas se dirigió a la cocina. Llenó la pava para sentarse a tomar unos amargos. Fue entonces cuando vió por la mosquitera de la cocina, el gallinero… un desastre. Corrió al lugar y se dio cuenta que su escasa visión no lo había engañado. Por todos lados gallinas desplumadas, los nidos desarmados, huevos rotos. Despacio fue siguiendo las plumas que lo llevaron a “Puchero”, un animal enorme, bobo y torpe que había parido “La Gringa”, esa hermosa perra que murió pariendo a ese lerdo espécimen.
Puchero se le acercó al anciano como de costumbre, desparramando hectolitros de baba. El hombre lo tomó del hocico, aún había rastros de yema. Sin más, dio la vuelta y volvió al gallinero, eligió el mejor de los pocos huevos que quedaban, y entró al rancho.
Tomó un cacharro y lo hirvió. Mientras el alimento tomaba el punto deseado, el abuelo llamó al animal.
La bestia se acercó en un galopar estrepitoso. El viejo lo acarició con una mano, mientras que en la otra sostenía una cuchara que tenía el huevo burbujeante.
-Tengo algo para vos – dijo mostrándole el apetitoso agasajo.
A Puchero se le iluminaron los ojos al ver semejante exquisitez. Lo mordió con ganas incontrolables.
Un espantoso aullido quebró el silencio de la Pampa de Jáchal. De pronto, los iluminados ojos se llenaron de lo que parecían ser lágrimas, se tomaba con las patas el hocico, mientras lo arrastraba por la tierra.
Puchero al ver como su amo lo miraba satisfecho, corrió hasta que lo perdieron de vista.
El hombre sonrió.
Al otro día, Puchero estaba acostado bajo un chañar. El anciano al verlo descansar fue a la heladera y sacó un huevo.
-PUCHERO-gritó.
El animal se acercó con paso pesado.
El hombre le mostró el huevo tomándolo con una cuchara como lo había hecho el día anterior. Puchero no corrió despavorido como previó el abuelo. El animal inspiró enérgicamente por su hocico y para sorpresa del hombre… La “bestia” empezó a soplar vigorosamente el alimento para enfriarlo.

Hola, Mundo!!!!

Mi primer posteo….

No hay mucho para decir. Con este blogo pretendo hacer un mapa de ruto de mi futura tesis de grado… Estoy muy emocionada!!!!

No sé que pasará en el camino… no sé si tendré las mismas ganas con las que inicio esta realidad, esta nueva etapa, sólo sé que quiero recibirme y seguir soñando… volar… soñar… borrando el pasado y construyendo un futuro.

Es una meta… un anhelo… espero que no una utopía….

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